GURASOENA

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Boletín

23/09/2015

La vuelta al cole y a la oficina

Se acabaron las vacaciones escolares, se acabó el verano, llega la vuelta al cole y a la oficina.

Hay que preparar las mochilas de los niños y niñas, organizar los horarios, actividades extraescolares, canguro, cuidadores, etc. Pero más allá de  los aspectos operativos de comienzo de curso están los aspectos afectivos que se movilizan en éste periodo. Tras el verano la familia dice adiós a un periodo de ocio compartido, de días interminables en compañía de amigos y familia, de tiempo de cuidado mutuo, de descanso… en definitiva llega la hora de separase de nuevo, alejarse durante largas jornadas laborales y escolares. Esta nueva situación afectará a toda la esfera familiar. 

Cuando hablamos de ésta separación, es habitual que pensemos principalmente en los más pequeños/as y el periodo de adaptación que los niños y niñas más pequeños necesitan para hacerse con los nuevos horarios, lugares, rutinas, profesorado, etc…  Es esperable que los niños y niñas más pequeños se muestren durante las primeras semanas más demandantes, más sensibles, incluso podrían presentar alguna leve alteración en la alimentación y en el sueño, manifestaciones que deberían remitir por si solas una vez pasado el periodo de adaptación y comenzar a disfrutar de ese espacio social y de aprendizaje que es la escuela.

Los padres y madres deberemos estar  preparados para atender  y responder a las necesidades de nuestros hijos e hijas, y para poder ofrecerles  la respuesta sensible a sus necesidades será importante identificar nuestro estado emocional. Este periodo  conlleva un periodo de adaptación para toda la familia y es posible que  también los padres y madres se encuentren más irritables, con estrés y apatía, es posible que además nos invadan sentimientos de culpa y que a su vez nos encontremos con alguna dificultad para separarnos de nuestros hijos e hijas.

También puede llevarnos un tiempo volver a disfrutar de ese espacio independiente, de ese otro rol  más allá del parental. Por tanto, será importante que podamos identificar nuestras propias emociones y dificultades y no dejar que invadan el espacio familiar para poder ayudar a nuestros hijos e hijas a crecer, a separase, a enriquecerse con lo de afuera, y  acompañarles en el descubrimiento de un mundo de relaciones y de aprendizajes más allá del núcleo familiar.

 

Equipo Técnino de Gurasoena

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